sábado, 23 de julio de 2016

Teoría conspirativa #482


Los faroles del alumbrado público, cuando titilan, están intentando comunicarse con nosotros, los humanos. En código Morse nos plantean preguntas, nos hacen reclamos, piden ayuda. El cableado de la ciudad les facilita la organización de asambleas a distancia. En general, logran consensos, pero siempre hay alguno que titila a ritmo unipersonal y el típico carnero que nunca se apaga.

Debe haber poca cosa más deprimente que el mundo esté convencido de que tus mensajes desesperados son sólo desperfectos eléctricos.

Eso convierte a los técnicos de mantenimiento de la intendencia en censores y a todos nosotros en malas personas, por omisión de asistencia. Sin saberlo, pero no es atenuante.

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